Nuestro Pastor en la homilía del quinto domingo de Pascua (19 de mayo de 2019) hace hincapié en la condición de novedad del mandamiento del amor de Cristo.

Esta novedad no radica en el mandato del amor sino en la manera de amar.

El mandamiento de amar al prójimo precede al mandamiento Cristiano, es anterior a la Ley misma y podría remontarse a la pregunta de Caín a Dios “¿Soy yo acaso el custodio de mi hermano?” La respuesta de Dios se desgrana en la Ley.  Si, eres el custodio de tu hermano y por eso no debes hacerle el mal, aprovecharte de su debilidad, ultrajarlo o robarle. Esta primer respuesta de Dios a Caín podríamos tomarla como el mandamiento de no maleficencia. Este mandamiento nos obliga a todos, como miembros de nuestra especie, a no causarle el mal a un congénere.

Es un mandamiento de mínima, un mandamiento de supervivencia. Si nos matamos los unos a los otros simplemente desapareceremos como especie. Si nos mentimos y hurtamos los unos a los otros, desparecemos como sociedad. Si no honramos ni siquiera a nuestros padres desaparece la justicia más elemental. Si damos lugar a la codicia, a la envidia y a la falsedad desaparece el respeto y la paz.

Este es el piso. Lo mínimo. La ley.

La novedad del mensaje cristiano, es la “manera de amar” que el Señor estima como distintiva para quienes quieran seguirlo: “cómo yo los he amado”. Esto es radicalmente nuevo. Radical no por revolucionario solamente sino porque está en la raíz.

            ¿Cuál es esa manera? ¿Cuál es su novedad?

            La catequesis de nuestro Pastor, cuyo pontificado tiene como eje la misericordia, es muy clara, en sus homilías, exhortaciones y encíclicas nos ha ido guiando a descubrir esa manera novedosa de amar, veamos cinco puntos sobresalientes:

1.      “Dios nos ha primereado”. Nuestro Pastor usó este argentinismo, extraído de la picardía criolla para manifestar que Él nos amó primero. La “primereada” no es sólo un orden jerárquico, lo primero que acontece, sino que va más allá es lo contrario a lo esperado. A eso hace referencia a primereada de Dios: cuándo merecíamos la condena, Él nos salvó. Este primer gesto cambia toda nuestra vida. Nosotros amamos porque somos amados. Nosotros confiamos porque confían en nosotros. El descubrimiento del amor de Dios nos lleva a expresar nuestro amor a los hermanos.

2.      “Dios nos ama gratuitamente”. No merecemos el amor de Dios. Él no nos ama por nuestros merecimientos, sino a pesar de nuestras miserias. El amor de Dios no es un amor especulativo en el que somos retribuidos, el amor de Dios es un don, un regalo inmerecido, por eso debemos amar sin esperar nada a cambio. No es un toma y daca, no es un amor interesado, no compensa nada. El amor de Dios es una revelación de su paternidad y de su intimidad. El viene a habitar nuestro corazón porque es amor. En el seno de Dios habita el amor.

3.      “Dios nos ama ilimitadamente”. Ni la muerte, ni el dolor, ni el pecado, ni el mal tienen dominio sobre el mundo ni sobre el hombre, porque han sido vencidos por el sacrificio del Hijo que reconcilió a toda la humanidad y a toda la creación. El amor de Dios hace nueva todas las cosas, por eso dice nuestro Pastor: “Dios no se cansa de perdonar” todo aquel que vuelve a la casa del Padre, encuentra cobijo y alimento.

4.      “Dios nos liberó para hacernos libres”. Parece una perogrullada, pero es la esencia de un gesto, todo el sacrificio de nuestro Señor fue para liberarnos, para que pudiéramos elegir servir a Dios. Tan realista fue nuestro Señor que contrapone a Dios contra el dinero. Nuestra libertad puede elegir entre la realidad y la ilusión. La realidad entre un amor ilimitado, eterno, providente, creativo y liberador, contra una ilusión. La ilusión de que un trozo de papel o un pedazo de metal te hará todopoderoso, inmune e impune: podrás comprar muchos relojes pero no tiempo; podrás escapar de cualquier sentencia humana pero no de las consecuencias de tus actos; podrás evadir cualquier ley pero no la muerte; podrás pagar el mejor médico pero no comprar salud; podrás adquirir bienes pero no amigos; podrás poseer objetos pero no felicidad. La elección es tuya. En eso consiste la libertad: en conocer el bien y desear seguirlo. Lo demás es ignorancia o esclavitud.

5.      “En esto conocerán que son mis discípulos”. En la forma en que amemos conocerán a quien seguimos. Las preguntas que nos formuló nuestro Pastor en “Gaudete et exsultate” pueden resumirse en una sola: ¿Sos la bienaventuranza de tus hermanos?

 ¿Sos

pan,

vestido,

compañía,

cobijo,

consuelo,

perdón, 

salud,

seguridad,

vista

y voz de tus hermanos?

¿En fin está tu vida al servicio de tus hermanos?

¿De todos tus hermanos,

 pero sobre todo de los más pobres y desamparados?

¿De todos los pobres y desamparados,

pero sobre todo de los que están más cerca tuyo,

en tu casa,

en tu trabajo,

en tu escuela,

en tu empresa,

en tu barrio?

Si lo haces sos mi discípulo y si no lo haces ¿Qué esperas?

Dios no nos pide que hagamos cosas extraordinarias, nos pide que hagamos extraordinariamente bien las cosas ordinarias, que pongamos:

alegría en la tristeza,

consuelo en el dolor,

compañía en la soledad,

alivio en el padecimiento,

cuidado en el abandono,

 perdón en la ofensa…

y que lo hagamos sin esperar nada a cambio y con el más débil.

Justo como nos pide la oración de San Francisco de Asís, ni más ni menos, nos pide Francisco, nuestro Papa.

Que tengas un buen día.

 

Ernesto